Durante más de 140 años, los Māori de Nueva Zelanda protagonizaron el litigio judicial más largo de la historia del país. Desde la colonización británica y la firma del Tratado de Waitangi en 1840, el gobierno expropió, fragmentó y explotó el río Whanganui para la navegación comercial, la producción hidroeléctrica y el turismo. Esta visión de extracción de recursos degradó progresivamente el ecosistema y resquebrajó el tejido social de las comunidades que dependían de él.
La revolución llegó en marzo de 2017 con la aprobación de la ley Te Awa Tupua. En un hecho sin precedentes, el Parlamento neozelandés reconoció que el río Whanganui es una entidad viva, indivisible y con personalidad jurídica propia. Es decir, el agua, el cauce, la fauna y la flora desde las montañas hasta el mar pasaron a tener exactamente los mismos derechos, deberes y protecciones legales que un ser humano. Bajo este marco, contaminar el río ya no es una simple infracción administrativa: es, a efectos prácticos, una agresión física contra una persona.
Un modelo de gobernanza cooperativa y colectiva
Dado que un río no puede firmar documentos ni hablar en un juzgado, el reto verdaderamente fascinante ha sido la creación de su modelo de gobernanza cooperativa y comunitaria. El río cuenta con la figura de Te Pou Tupuna, dos guardianes legales que actúan como su voz: uno es nombrado directamente por las tribus Māori y el otro por el Gobierno de Nueva Zelanda.
Este tándem no opera de manera aislada[cite: 2, 3]. Para tomar cualquier decisión sobre la cuenca se constituyó Te Kōpuka, un órgano de gestión colectiva donde se sientan en la misma mesa representantes indígenas, ayuntamientos, entidades ecologistas, agricultores, ganaderos y empresas turísticas. Las decisiones no se toman en función del lucro privado o el crecimiento económico a corto plazo, sino mediante el consenso y bajo una premisa irrenunciable: cualquier proyecto debe priorizar el bienestar y la restauración del río. Además, el proyecto se dotó de un fondo de capital cooperativo destinado exclusivamente a la regeneración del ecosistema, revirtiendo décadas de daños ambientales mediante trabajos de limpieza y reforestación liderados por los propios vecinos.